Steven Seagal - Songs from the Crystal Cave (2004).
Es, verdaderamente, uno de los mayores logros que la raza humana haya concebido jamás.
Artísticamente hablando, Steven Seagal juega en una liga propia, y dudo sinceramente que algún otro ser vivo llegue siquiera a acercársele. ¿Los Beatles? Ni de lejos. ¿Bach? ¡Qué va! ¿Shakespeare? Ay que risa, Basilisa. Seagal los supera a todos con su impecable maestría del aikido.
Considero que *Songs from the Crystal Cave* no es simplemente una colección de canciones, sino un hito en la evolución humana, por no decir de la existencia misma. Acontecimientos como el nacimiento de Jesucristo, la invención de la rueda o, qué narices, incluso el Big Bang, pasan a un segundo plano al compararlos con este monolito de espectacularidad artística.
Aunque suelo rechazar la idea de que exista objetividad en el discurso musical en forma mayestática, este proyecto echa por tierra esa mentalidad absurda. La mera existencia de este álbum deja obsoletas todas las demás obras de arte, tanto en el futuro previsible como más allá. Dedicar tiempo a cualquier cosa que no sea este álbum no solo es un desperdicio de nuestras frágiles vidas humanas, sino -incluso me atrevería a decir- un insulto a los poderes omnipotentes que nos permiten percibir el mundo a través de nuestra propia conciencia (obra, muy probablemente, del propio Steven Seagal, dicho sea de paso).
Este álbum es vida, pero también es muerte. Es todo y, a la vez, representa la nada.
Este álbum, sencillamente, es una caca.
Y por ello ya pasea emulizado por ahí como:
Steven Seagal - Songs From the Crystal Cave (2004).zip
No hay comentarios:
Publicar un comentario